“y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.”  (Lucas 15:12)

La parábola del hijo pródigo revela, profundamente, el carácter egoísta y rebelde de los hombres. ¡El hijo pródigo pide la herencia, los bienes, los talentos que recibiría de su padre, para partir a una tierra lejana y disfrutar de ellos de modo disoluto, separado de su padre! ¡Como los cristianos han hecho eso! ¡Ellos reivindican sus dones, talentos, capacidad física, económica, intelectual y van – con toda su fuerza – a usarlos en el mundo! ¡Ellos defienden sus propios intereses egoístas, se desvían del camino, separándose de Dios!

¡No obstante, ellos no saben que están iludidos por los placeres del mundo, ciegos por el pecado y que, de la verdad, son prisioneros del príncipe de este mundo, viviendo como sus cerdos, los demonios! ¡Tarde o temprano ellos sufrirán la ruina, la caída y el caos total! ¡Si tú estás en esa situación miserable la única salida es arrepentirse y volver a la casa de tu Padre! “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”

¡Vuelve pecador! ¡Vuelve! ¡Antes que sea demasiado tarde!

Paulo Junior

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