“Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:19)

Como cristianos, sufrimos una diversidad de persecuciones durante nuestra vida. ¡Cuántas acusaciones injustas y mentirosas sufrimos por parte de personas llenas de odio y maldad! ¡Individuos que no miden esfuerzos para arruinarnos, usando todos sus recursos para, con crueldad, destruirnos!

Ellos mienten, crean situaciones espurias, corrompen medios y personas, inflaman aquellos que están a nuestra vuelta con un solo objetivo: “¡Derrumbarnos!” ¿Cuál es, entonces, el sentimiento que muchas veces toma nuestro corazón? ¡El deseo de venganza!

Por causa de que somos cristianos no pensamos en una justica hecha con nuestras propias manos, sin embargo en el fondo deseamos que Dios traiga juico sobre esas personas, para que paren de blasfemar, o para que vean lo cuanto están ciegas y se concierten. ¡Es justamente ahí que una puntilla de deseo por venganza susurra en nuestro corazón diciendo: “Véngate”!

Entonces pensamos: “¡Esas personas podrían sufrir un accidente! ¡Podrían perder todo lo que tienen! ¡Todo lo que ellas tocaren podría fracasar! ¡Ellas podrían ser acometidas de enfermedades horrorosas!” Y así por delante… ¿No es exactamente lo que pasa por nuestro corazón en esos momentos? No obstante, el Señor dice: ” Mía es la venganza.” O sea, cabe a Él Hacer justica.

¡Si Él encuentra que debe traer juico, cabe a Él y no a nosotros vengarse! ¡En el tiempo de Él, del modo de Él! ¡La gran verdad es que estamos esperando que Él aplique juico sobre los transgresores, haciendo que descapote el auto, Pero el hecho es que nosotros igualmente merecemos el mismo juico! ¡Merecemos estar en un estado peor que el de ellos! No somos mejores que nuestros enemigos.

¡Apartados de la gracia de Dios, seríamos todos destruidos! Saque ese sentimiento de venganza de su corazón. ¡Deje eso a la providencia de Dios! ¡Envés de querer venganza, ora en favor de aquellos que te persiguen y maltratan! Confíe en la justicia divina. Él sabe cómo defenderte y cuando ejecutar Su juicio, pues: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

Paulo Junior

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