¡Querido hermano, no dejes que el fuego del Espíritu Santo se apague, la llama del primer amor pare de arder, la agresividad evangelística se evapore! ¡Debemos tener una fe robusta, una vida cristiana sólida, no dependiendo de las emociones o del estado actual de la sociedad! ¡Sí, está todo sombrío, seco y gris! ¡Huesos muertos por el suelo y un silencio sepulcral en ese desierto llamado Tierra! ¡No obstante, la fe excede todas esas circunstancias negativas, pues la convicción aún está latente en nuestro corazón y nada pode moverla!

¡Aunque en ese desierto inhóspito, en el cual el único eco que se oye es del gruñido de los demonios, hay una nube sobre nosotros, protegiéndonos, guiándonos, consolándonos! ¡Nos ayuda a derrotar a todos nuestros enemigos y nos lleva hacia la Tierra Prometida! ¡Vamos! ¡Nuestro blanco es Canaán! ¡Nadie nos va impedir llegar! ¡Fortalecidos en el Señor y en la fuerza de Su poder, norteados por la fe que poseemos los santos, venceremos todas las batallas que han de venir!

Paulo Junior