“¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo proceda contra ti?” (Ezequiel 22:14)

Creo que el orgullo es uno de los mayores obstáculos para la misericordia de Dios, pues él nos hace arrogantes, vanidosos e independientes de Dios. ¡Aunque, nos olvidamos que un día estaremos delante del Juez Justo! ¡Compareceremos ante el tribunal de Cristo! Entonces, ¿Estaremos tan fuertes y sin temor? ¿Corajudos, valientes e independientes como estamos ahora? Como dice el texto: “¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo proceda contra ti?” Por increíble que parezca, muchos cristianos están andando así: ¡En su arrogancia, prepotencia, autosuficiencia!

No oyen a nadie, no aceptan la reprensión y así como Israel en su obstinación, se volvió en contra de la voluntad de Dios. Recomiendo que reconozcas tu orgullo y que te arrepientas de él en cuanto hay tiempo, pues en el día del juicio sus manos no estarán lo suficientemente fuertes para resistir la gloria y el rostro del ¡YO SOY! ¡El camino es la “humildad de la humillación” y saber que no somos nada más que polvo! ¡Obedece a Dios y a Su voluntad revelada en la Palabra, esa es la cosa más sensata a hacer!

Paulo Junior