¡Que Yo Muera!

¿Tú corazón arde de deseo por pureza? ¿Tu alama anhela pasar horas continuas con el Salvador?  ¿Tu corazón está quebrantado por hambre y sed de Dios – que tú posees – y que muchas veces no son saciadas? ¿Allá en el fondo de tu corazón hay un dolor continuo y crónico – que insiste en no salir – dolor que es causado por la ignorancia de Dios? ¿Dolor debido a una línea tenue entre tú y Él, que nunca es traspasada? ¿Dolor que permanece por no haber encontrado al Amado de tu alma?

¡Ah! ¡Que tu vida y tu corazón se consuman en Él, que tú seas crucificado para este mundo y este mundo para ti! Que no haya en ti ninguna esperanza en la carne. ¡Que tu único deseo en vida sea Cristo: Conocerlo, amarlo, andar con Él, llorar a sus pies, ser un siervo obediente y, hasta aún, morir por Él! ¡Que caigan ríos de agua de tus ojos, implorando por verlo, que tú sientas dolores de parto hasta que esto pase! Que mires a tu alrededor y no veas el menor sentido en las cosas de esta tierra: Fama, belleza, apariencia, status, reconocimiento, regalos y placeres…

¡Que tú prefieras decir como Elías: “¡Ya basta, que yo muera!”, en vez de vivir en esta tierra si no fuere para la gloria de aquel que te salvó, que soporto la ira del Padre, que vertió cada gota de su sangre pura en una cruz romana, haciéndose maldito entre los hombres! Que te postres, ahora, delante del Capitán de tu salvación, con lágrimas, y digas: “¡Heme aquí Señor, estoy as sus ordenes!”

¡Qué así sea!

Paulo Junior