HACER-EL-BIEN

 

Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. 2Tesalonicenses 3:13

La benevolencia. La bondad. La benignidad. Lo bueno. El bien. ¿Sería posible encontrarlos en este mundo? ¿Sería aún posible encontrar en esta Tierra almas bondadosas, indulgentes, generosas, clementes? ¿Hay aún, en algún lugar, quien hace el bien sin esperar nada a cambio, simplemente por la compasión que siente hacia su semejante? ¿Existirá una gota de la esencia de Dios demostrada en la bondad de algún hombre?

Creo que si existe alguna clase de personas que debería ser marcada por hacer el bien a todas las criaturas de la Tierra, esa clase debería ser la Iglesia de Cristo, el pueblo de Dios. Somos nacidos de Dios, poseímos el fruto del Espíritu llamado: “Bondad”. Él comunicó a nosotros ese atributo: “Bondad”. 

¡Quiero hacer un llamamiento por medio de este devocional e instar a toda la cristiandad a hacer el bien! Mire a su alrededor, vea cuánto dolor, sufrimiento, tragedias. Perciba cuanta maldad, hostilidad de los hombres contra sus semejantes. Vivimos en un mundo donde la bondad está desapareciendo, está siendo extinta. Somos personas egoístas, individualistas, indiferentes a cualquier necesidad ajena. ¡Vivimos apenas en pro de nuestros deseos egoístas!

Aún, Tú que me lees, puedes cambiar eso. Querido hermano, no necesitas de algún poder especial para cambiar este mundo; puedes hacer el bien a las personas, a tu prójimo. Tú puedes amarlas, ayudarlas en sus necesidades, llevar sus cargas, traerles consuelo en momentos difíciles.

Basta de ser intolerante, rabioso, egoísta y aburrido. Todo lo que ves en las demás personas son fallas, pecados. Parece que solo esperas oportunidades para hacer juicios, acusaciones, colocar cargas. ¡Por el amor de Dios! ¿Cuándo vas a parar con eso y vas a comenzar a hacer el bien a esas personas? Ellas no necesitan más sufrimiento del que ya tienen. ¡Pare con eso! ¿En vez de oprimirlas, ya pensaste en elogiarlas? ¿En vez de mostrar siempre una cara enojona y juzgadora, ya pensó en dar una sonrisa, un abrazo apretado, caluroso? ¿Por qué no explorar las cualidades de su semejante y no solamente sus fallas?

¡Pues bien, es de eso que nuestro Cristianismo está escaso! Haga el bien ahora, ayude financieramente alguna alma necesitada, pague un tratamiento dentario o un médico para alguien que sufre o está excluido de la convivencia social por causa de su deficiencia. Done un curso para algún joven talentoso, pero sin recursos. Dé una simple vuelta en auto a un hermano que va a los cultos, sustente a un misionero piadoso que está en alguna parte del mundo, visite algún hospital simplemente para orar por los enfermos y darles palabras de aliento. ¿Y su madre? ¿Y su padre? ¿Sus parientes cercanos? ¿Qué estás esperando para hacerles el bien? ¿La imagen que ellos tienen de ti es de una persona bondadosa? ¡Si no es así, vamos a cambiar ahora! ¡Eso será saludable para nuestras almas!

¡Imitamos a Dios cuando hacemos el bien, cumplimos la Ley de Cristo, obedecemos las órdenes del Evangelio, damos buenos testimonios con nuestras obras, almas son llevadas a Cristo! Haciendo esto aliviaremos el dolor de muchas personas, las sacaremos del desespero y del sufrimiento. Ellas se sentirán amadas, verán que hay esperanza en un mundo escuro y sombrío. Verán que aún no está todo perdido. Sabrán que hay almas bondadosas, solidarias, que miran por el bien estar de su semejante y eso, invariablemente, apuntará para Cristo y para el gran amor de Dios. ¡Haga el bien inmediatamente, pues así tendremos un mundo mejor y Dios recibirá toda gloria!

En el amor de Cristo, 

Paulo Junior