“La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed…” (Juan 4:15)

Semejante a esa mujer que caminaba en medio de un desierto seco y árido, bajo un sol tan fuerte buscando agua, estamos nosotros, en un período de la Iglesia extremadamente seco. Nos falta gracia, nos falta amor, nos falta vigor, nos falta fuerza, nos falta esperanza, nos falta santidad, nos falta pureza… ¡Nos falta conocimiento de Dios! ¡Estamos deshidratados espiritualmente! Por lo tanto, actuemos como ella: “Dame esa agua”.

¡Ya la experimentamos en nuestra conversión, aún precisamos desesperadamente de más sorbos de la gloriosa agua de la vida! ¡Debemos beber continuamente de esa agua, pues la sed es devastadora! “¡Oh Dios, sácianos antes que muramos en este desierto inhóspito llamado mundo! ¡Báñanos con esas aguas antes que ese calor tan fuerte nos queme! ¡Ven a ser nuestro manantial en medio del desierto, para que encontremos la vida en medio de la muerte!”

                                                       Paulo Junior

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