David Wilkerson, sin duda, fue uno de los mayores cristianos de este siglo. ¡No soy capaz de mensurar la falta que él hace para mí, un hombre que tanto me inspiró! Algunas veces viendo a ese hombre de Dios predicar, pude percibir algo diferente en sus palabras, en su predicación, en su mirar.

¡Él parecía tener algo especial hasta en su postura y en sus gestos! Él parecía poseer un brillo en su rostro, una luz celeste que expresaba una paz perenne. Entonces me dijo a mí mismo: “¡Yo no tengo ese brillo! ¡Yo no tengo esa gracia, de lo contrario, son poquísimos los que la poseen!”
¡Reflexionando, yo llegue a la siguiente conclusión: ese brillo no se puede comprar en un estabelecimiento; ese brillo no se consigue en un seminario teológico; los libros no dan ese brillo; los hombres no nos pueden concederlo!

¡Ese brillo es fruto de quien anda con Dios, camina con Él diariamente en plena comunión! ¡Ese brillo, esa gracia, en la vida de David Wilkerson, fue fruto de una existencia entera andando con Dios! ¡Caminando lado a lado como alguien camina con tu amigo! ¡Hablando con Dios cara a cara! ¡He aquí lo diferencial en la vida de ese gran santo!

¡Dios nos llama para que seamos Sus amigos, para que andemos con Él, para que Él pueda susurrar Sus secretos y revelar Su alianza en nuestros oídos! ¡Aceptemos Su gentil invitación, para que la luz de Su gracia brille en nuestro ser para una generación en tinieblas!

Paulo Junior