¡Nuestra generación no conoce un avivamiento! ¿Por qué? ¡Porque no oramos, no invertimos horas continúas gimiendo en oración por las almas perdidas! ¡La verdad, ni siquiera sabemos orar! ¡Somos una generación gorda, perezosa, vanidosa y mimada, que no sabe el significado ni observa la práctica del ayuno! Un pueblo sin dolor, sin sacrificio, que no crucifica la carne. Quiero llorar junto con los profetas. ¡Porque nosotros no conocemos a Dios, nunca lo sentimos de verdad, nunca andamos con Él, ni si quiera un día, ni uno!

¡Estamos contentos con los pocos escalofríos y lágrimas que de vez en cuando derramamos en un culto, pero en el fondo sabemos que estamos engañándonos a nosotros mismos, todo es emoción! ¡Lejos está de ser aquella presencia poderosa que la Biblia revela, aquel fuego glorioso de su majestad! ¡Oh Dios, ayúdanos! ¡Todo lo que sabemos viene de la Internet, libros o cuentos y testimonios de otras personas! ¡Qué generación miserable es la nuestra, Padre! ¡Ella es pobre, ciega y desnuda!

¿Dónde están los Edwars? ¿Los Brainerds? ¿Los Wilkersons? ¡Santo Dios, socórrenos! ¡Envíe un avivamiento deprisa, antes que seamos despedazados, consumidos por este mundo! ¡Cuánta sequedad, cuánta aridez, cuánta muerte espiritual! ¡Estamos perdidos! ¡Qué vergüenza para los santos pasados! ¡Para los mártires romanos, para los valdenses, para los puritanos, para los moravos, que vergüenza para un Dios tan santo como Tú!

¿Dónde están los orfanatos cristianos como los de Müller? ¿Las escuelas cristianas? ¿Dónde están las clínicas para jóvenes, las revistas cristianas? ¿Las cruzadas al aire libre, en las cuales millares venían sollozando a recibir a Cristo? ¿Por qué la sociedad no sufre un impacto por la presencia de la Iglesia, cerrando las puertas del comercio, de los clubes, bares y prostíbulos por causa del testimonio y la predicación de los santos?

¿Dónde está la poderosa predicación del Evangelio que estremecía los huesos de los hombres a lo largo de la historia? ¿Esas predicaciones que traían temor de Dios por el Espíritu Santo derramado sobre las multitudes? ¡Ah! ¡Ceñíos de vergüenza, postraos abatidos, humillados delante del gran trono de Dios y arrepentíos de tanta incompetencia, miseria, descanso e indiferencia! ¡Quién sabe si Dios se acuerda o se apiada de esta generación tan mezquina y tan indigna como la nuestras!

¡Dios, ayúdanos, ayúdanos, por favor, AYÚDANOS!

                                                       Paulo Junior